Una experiencia desgarradora

Eran los años sesenta, en el norte de Santa Fe. En Fortín Olmos, aldea perdida en lo que fuera hasta principios del siglo XX la última línea de frontera frente al indio chaqueño, el termómetro marcaba frecuentemente 43 °C a la sombra al comienzo de la tarde. Cuando el termómetro era puesto directamente sobre la tierra desnuda, llegaba a marcar 70 °C.

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